O sea que no tengo perorata que hacer ni toque de clarín para cerrar estas páginas. Cuídate de lo irracional, por seductor que sea. Rehuye al “trascendente” y a todo aquel que te invite a subordinarte o aniquilarte. Recela de la compasión; prefiere la dignidad para ti mismo y para los demás. No tengas miedo de que te consideren arrogante o egoísta. Imagina a todos los expertos como si fueran mamíferos. Nunca seas un espectador de la iniquidad o la estupidez. Busca la discusión y la disputa por sí mismas; la tumba suministrará cantidad de tiempo para el silencio. Sospecha de tus propios motivos y de todas las excusas. No vivas para los demás más de lo que esperases que los otros vivieran para ti.
Te dejaré con unas pocas palabras de Georde Konrad, el disidente húngaro que conservó su integridad durante unos tiempos crepusculares, y que sobrevivió a sus perseguidores escribiendo “Antipolítica” y “El Perdedor”, y muchos otros ensayos y ficciones lapidarios. Escribió:
“Busca una vida vivida más que una carrera. Refúgiate en el buen gusto. La libertad vivida te compensará de unas cuantas pérdidas… Si no te gusta el estilo ajeno, cultiva el tuyo. Llega a conocer las mañanas de la reproducción, sé tu propio editor incluso cuando conversas, y el placer del trabajo llenará tus días.”
— Hitchens, en Cartas a un joven disidente.
